No hay caso, el sábado es de penumbra y congoja
de lavado, plancha y tarde de cine
de comida como a la una y lectura
de amor y sábanas por cambiar el domingo.
Cuando llega la noche
quedan aún todos los misterios
los de tu mar en mi orilla
y mi cintura que casi siempre tiene tu tacto.
Pero las horas pasan
y el domingo se viene
y después el lunes que siempre se apura en llegar.
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